Escuela latinoamericana para los Derechos de la Naturaleza y la regeneración biocultural
CLAVE 1: Elegir la vida, agradecer por la vida
Vivimos en un momento extraordinario en la Tierra. Poseemos más destreza técnica y conocimiento que nuestros ancestros podrían haber soñado. Nuestros telescopios nos dejan ver a través del tiempo a los principios del universo; nuestros microscopios abren los códigos en el núcleo de la vida orgánica; nuestros satélites revelan patrones climáticos globales y comportamientos ocultos de naciones remotas. Y nuestra capacidad de vigilancia electrónica no deja ningún aspecto de la vida de nadie a salvo del escrutinio corporativo y gubernamental. Quién, incluso hace un siglo, ¿podría haberse imaginado tal inmensidad de
información y poder?
Al mismo tiempo, somos testigos de una destrucción de la vida en dimensiones que ninguna generación en la historia moderna han confrontado. Es cierto que nuestros ancestros conocían las guerras, las plagas y el hambre, pero hoy no es solo un bosque aquí y algunas granjas y pesquerías allá. Hoy, especies enteras están muriendo y culturas completas y ecosistemas a escala global, incluso el plancton productor de oxígeno de nuestros mares.
Los científicos intentan decirnos lo que está en riesgo cuando quemamos bosques
tropicales y combustibles fósiles, vertemos desperdicios tóxicos en el aire, suelo, mar y el uso de químicos que devoran el escudo protector de ozono del planeta. Pero sus advertencias son difíciles de escuchar. Porque la nuestra es una Sociedad de Crecimiento Industrial. Nuestra economía política requiere una extracción y consumo siempre en aumento de recursos. Para la Sociedad de Crecimiento Industrial, la Tierra es recurso y cloaca. El cuerpo del planeta no solo es excavado y convertido en bienes para su venta, también es un desagüe por los productos tóxicos de nuestras industrias.
Si sentimos que el tiempo está acelerando, estamos en lo correcto—porque la lógica de la Sociedad de Crecimiento Industrial es exponencial, demandando no solo crecimiento, sino también aumento de crecimiento e intercambio de mercado. La lógica de la necesidad siempre en aumento de recursos y mercados está generando lo que es cada vez más reconocido como un imperio corporativo global, asegurado por amenazas militares, intervenciones y ocupaciones.
Esto genera mucho sufrimiento alrededor del mundo. Los pensadores sociales budistas ven que lo que está operando aquí son formas institucionalizadas de los tres venenos reforzados mutuamente en la raíz del sufrimiento humano: avaricia, agresión y confusión. El consumismo puede ser visto como avaricia institucionalizada, el complejo industrial-militar como agresión institucionalizada y los medios de comunicación controlados por el estado y las corporaciones como confusión institucionalizada.
Consecuentemente, en la Sociedad de Crecimiento Industrial estamos afrontando los errores universales a los que todos los humanos son propensos y no la presencia de fuerzas malignas o satánicas. Esto también significa que una vez que estos errores se institucionalizan como agentes políticos, económicos y legales, mantienen un grado de autonomía que se extiende más allá del control y decisiones conscientes de los individuos involucrados. Este entendimiento puede motivarnos a no condenar tanto al otro, así como a trabajar para liberarnos a nosotros mismos y a otros de las ataduras de los venenos institucionalizados.
En cualquier caso, estamos causando una destrucción incomparable en la vida de nuestro planeta. ¿Qué quedará para aquellos que vienen después? ¿Qué les depara a los seres del futuro? Estamos muy ocupados corriendo para pensar en ello, hacemos por bloquear nuestras mentes a escenarios de pesadilla y dificultad en un mundo abandonado y contaminado.
Hemos llegado tan lejos. La vida que está en nosotros ha sobrevivido milenios de pruebas y evolucionado a través de tantos retos, y hay tantas promesas aún por desplegarse. Sin embargo, podemos perderlo todo debido al desmoronamiento de la trama de sistemas vivientes. Las palabras de Yahvé por medio de Moisés tienen ahora una verdad literal: «He puesto ante ustedes la vida y la muerte, por lo tanto, escojan la vida».
Aún podemos optar por un mundo que sustente la vida
Podemos escoger la vida. Incluso mientras enfrentamos las alteraciones por el cambio climático, la contaminación nuclear mundial, el fracking, la minería a cielo abierto, la extracción en arenas de alquitrán, la perforación en los mares profundos y la ingeniería genética de nuestro suministro de alimento, aún podemos escoger la vida. Aún podemos actuar por el bien de un mundo habitable.
Es crucial que sepamos esto: es posible tener lo que necesitamos sin destruir nuestros sistemas de soporte vital. Tenemos el conocimiento científico y los medios técnicos para hacerlo. Tenemos el conocimiento y los recursos para crecer suficientes cantidades de comida real y sin alteraciones. Sabemos cómo proteger el aire y el agua limpia. Podemos generar la energía que necesitamos a través de la energía solar, eólica, hidráulica, algas y hongos. Tenemos métodos nticonceptivos para detener el crecimiento y eventualmente reducir la población humana. Tenemos los mecanismos técnicos y sociales para desmantelar armas, evadir guerras y darle a todos una voz en un auto-gobierno democrático. Podemos ejercitar nuestra imaginación moral para llevar nuestros estilos de vida y consumo a una armonía con los sistemas vivos de la Tierra. Todo lo que necesitamos es voluntad colectiva.
Escoger la vida significa construir una sociedad que sustenta la vida. «Una sociedad sostenible es aquella que satisface sus necesidades sin arriesgar las necesidades de generaciones futuras», dice Lester Brown del Instituto de Política Terrestre. En contraste con la Sociedad de Crecimiento Industrial, una Sociedad que sustenta la vida opera dentro de la capacidad de carga de su sistema de soporte vital, regional y planetario, tanto en los recursos que consume como en los desperdicios que produce.
Escoger la vida en esta época planetaria es una poderosa aventura. Como descubren personas en todo lugar, esta aventura provoca más valor y solidaridad que cualquier campaña militar. Desde estudiantes de secundaria restaurando afluentes para la reproducción del salmón a vecindarios citadinos creando jardines comunitarios en terrenos vacíos; desde pueblos originarios bloqueando la producción de petróleo y oleoductos en sus tierras ancestrales a mujeres que implementan tecnologías solares y purificadoras de agua en sus comunidades—un sinnúmero de personas se está organizando, aprendiendo, tomando acción.
Esta actividad humana multifacética en pos del bienestar de la vida puede que no llegue a los titulares o las noticias del día, pero para nuestra descendencia importará más que cualquier cosa que hagamos. Porque si ha de haber un mundo habitable para aquellos que vienen después de nosotros será porque hemos logrado hacer la transición de la Sociedad de Crecimiento Industrial a la sociedad que sustenta la vida. Cuando las personas del futuro miren atrás a este momento histórico verán más claramente de lo que nosotros podemos hacer ahora cuan revolucionario es. Tal vez lo llamarán el tiempo del Gran Giro. Lo reconocerán como algo histórico. Mientras la revolución agrícola tomó siglos y la revolución
industrial tomó generaciones, esta revolución ecológica tiene que pasar en cuestión de años. También tiene que ser consciente; involucrando no solo la economía política, sino también los hábitos, valores y entendimientos que la fomentan.
Eligiendo nuestra narrativa
La «narrativa» se refiere a nuestra versión de la realidad, al lente por el que vemos y entendemos lo que está pasando en nuestro mundo. A menudo nuestra narrativa es ampliamente inconsciente e indiscutible, y lo asumimos como la única realidad. En el mundo industrializado de hoy, las narrativas reinantes parecieran reducirse a tres. Hemos encontrado de utilidad presentar en talleres que estas tres historias están ocurriendo justo ahora. En ese sentido, todas son verdad. Podemos escoger la que queramos respaldar, la que pareciera tener la perspectiva más amplia y más útil.
1. Cosas de costumbre es la narrativa de la Sociedad de Crecimiento Industrial. La escuchamos en políticas, escuelas de negocios, corporaciones y medios de comunicación controlados por corporaciones. Aquí la escandalosa suposición es que hay poca necesidad de cambiar la forma en que vivimos. La trama principal es salir adelante. Las recesiones económicas y las condiciones climáticas extremas son solo dificultades temporales de las que seguramente nos recuperaremos, e incluso lucraremos con las mismas.
2. El gran desmoronamiento es la narrativa que tendemos a escuchar de científicos ambientalistas, periodistas independientes y activistas. Pone atención a los desastres que las “cosas de costumbre” ha causado y continúa creando. Es una historia respaldada por la evidencia del continuo desajuste y colapso de los sistemas biológicos, ecológicos, económicos y sociales.
3. La Gran Transformación es la narrativa que proviene de aquellos que perciben el gran desmoronamiento y no quieren que éste tenga la última palabra. Involucra el surgimiento de nuevas y creativas respuestas humanas que posibilitan la transición de la Sociedad de Crecimiento Industrial a una sociedad que sustenta la vida. La trama central tiene que ver con unirse para actuar por el bien de la vida en la Tierra.
Aunque podemos reconocer la Gran Transformación y encontrar valentía en sus múltiples expresiones, no tenemos ninguna seguridad de que este ocurrirá lo suficientemente rápido. No podemos saber que ocurrirá primero, el punto de inflexión más allá del que no podamos parar el desmoronamiento de los sistemas que sustentan las formas complejas de vida o el momento cuando los elementos de una sociedad que sustenta la vida se reúnan y prevalezcan.
Si la Gran Trasformación también llamada el Gran Giro fallara, no sería por falta de tecnología o datos relevantes, sino por la ausencia de voluntad política. Es fácil permitir el entumecimiento del corazón y la mente cuando estamos distraídos y temerosos y las probabilidades están en nuestra contra. Los peligros que enfrentamos ahora son tan ubicuos y a la vez tan difíciles de ver—y tan dolorosos de ver cuando logramos hacerlo—que este entumecimiento nos llega a todos.
Nadie se escapa de su efecto. Nadie es inmune a las dudas, la negación o distracción en relación a la severidad de nuestra situación, ni a dudar sobre nuestro poder para cambiarla. Aun así, de todos los peligros que enfrentamos, desde el cambio climático hasta las guerras nucleares, ninguno es tan grande como el entumecimiento de nuestra respuesta.
El entumecimiento de mente y cuerpo ya tiene lugar; en nuestras distracciones como individuos y naciones, en las peleas que escogemos, en los objetivos que buscamos, en las cosas que compramos. Así que permitámonos verlo. Veamos cómo es que ocurre para que podamos despertar. El Trabajo Que Reconecta nos ayuda a abrir los ojos, mentes y corazones. Entonces, reconectados con nuestro deseo más profundo, escogeremos la vida.
¿Que es lo que mas agradeces por estar vivo en esta Tierra?