Bitácora de obra · Obra #05 · 2020
En 2020 el glamping vivía su mejor momento, y la señora Cristela y su familia querían que su terreno a las afueras de Guasca fuera parte de esa historia. Construimos en un mes un domo de pino de cinco metros sobre el pastizal. Varios años después — pasada la ola de la tendencia — el glamping sigue recibiendo viajeros bajo el cielo del altiplano.

El glamping era la tendencia: viajar sin dejar de dormir bajo las estrellas. La familia Cristela tenía lo que toda tendencia necesita para volverse realidad — un lugar: un campo abierto a las afueras de Guasca, con la sabana alta de Cundinamarca y el cielo del altiplano como techo — y el sueño de volverlo un destino. Nos encontraron para que ese sueño tuviera forma.
Un glamping necesita un corazón: una estructura que sea la razón del viaje. En un mes levantamos el domo de pino de cinco metros sobre una plataforma de estibas que lo separa de la humedad del suelo, con cubierta de lona y ventanas laterales que enmarcan el paisaje. Geometría que abraza, estructura que respira: el domo se volvió la postal del lugar.


Quien reserva una noche en el domo no reserva una cama: reserva el cielo. La lona guarda una transparencia sutil que deja entrar la luz; de noche, la estructura brilla desde adentro y se vuelve una linterna en mitad del pastizal. El frío del altiplano hace el resto: afuera, estrellas; adentro, abrigo.
Las tendencias pasan; las buenas obras quedan. El glamping de Guasca vivió su auge y lo sobrevivió: el domo lleva varios años funcionando como turismo. Esa es la mejor ficha técnica que un proyecto turístico puede mostrar — noches ocupadas, viajeros que vuelven, una familia que recibe los frutos de su terreno.
Diseñamos y construimos el corazón de tu proyecto turístico: domos y refugios que vuelven destino un territorio — como en Guasca, como en Iguaque. Arquitectura que abraza el paisaje y sigue encendida cuando pasa la tendencia.
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