Fogón / Naturaleza Contando Historias
Memoria del Origen¿Qué es Artes para la Tierra?
La historia detrás del bosque: de las primeras semillas de arte, territorio y cuidado al ecosistema que estamos cultivando hoy.
Somos Arte · Archivo Artes para la Tierra
Artes para la Tierra no nació un día. No hubo una reunión en la que alguien decidiera crear una organización llamada AxT, ni un momento exacto en que todas las piezas estuvieran listas. Primero hubo encuentros.
Las primeras semillas
Hay bosques que empiezan con una semilla
Personas que se encontraron alrededor del arte, la Tierra, la educación, la espiritualidad, la defensa del territorio y la necesidad —cada vez más urgente— de imaginar otras maneras de vivir.
Hubo música y danza. Hubo huertas y construcciones. Hubo universidades y territorios. Hubo ceremonias, festivales, investigaciones y conversaciones interminables. Hubo también errores, rupturas, proyectos que desaparecieron y otros que encontraron nuevos caminos.
Con el tiempo, algunas de aquellas experiencias comenzaron a reconocerse entre sí. Hoy las llamamos raíces. Y Artes para la Tierra es el bosque que empieza a crecer sobre ellas.
Esa pregunta todavía acompaña a Artes para la Tierra.
Una primera llamada
Volver a la Tierra
A comienzos de la década de 2010, en Colombia, distintas expresiones artísticas comenzaron a encontrarse con una preocupación que entonces todavía parecía extraña para muchos: ¿y si la Naturaleza no fuera solamente algo que debemos proteger, sino alguien con quien tenemos una relación de cuidado y reciprocidad?
En ese contexto surgió Todos a Tierra, alrededor de la propuesta impulsada por Ati Quigua y de una campaña por un referendo nacional relacionado con los Derechos de la Naturaleza. Más allá del destino político de aquella iniciativa, quedó algo que sí perduró: la intuición de que el arte podía entrar en conversación con la defensa de la vida de una manera distinta.
Artistas fueron invitados a participar. La música, la imagen, la palabra y la presencia pública comenzaron a acompañar conversaciones sobre territorio, derechos, naturaleza y buen vivir. Algunas de aquellas colaboraciones dieron origen a nuevas redes y proyectos. Y, sobre todo, dejaron una pregunta sembrada:
¿Qué podría ocurrir si artistas, comunidades, defensores de la Naturaleza, sabedores, educadores e investigadores pudieran encontrarse de manera permanente?
Celebración y encuentro
Cuando el encuentro se vuelve celebración
Hay momentos en que una idea deja de ser una idea porque muchas personas pueden experimentarla juntas. Así ocurrió con los grandes encuentros que siguieron.
El Festival de la Tierra y el Festival Planetario 8000 Tambores fueron algunos de esos momentos de convergencia. Allí comenzaron a cruzarse mundos que normalmente permanecían separados: artistas y gestores culturales, comunidades y defensores territoriales, personas vinculadas a los saberes ancestrales, investigadores, educadores y ciudadanos que simplemente sentían que algo tenía que cambiar.
Los tambores ayudaron a reunir. El arte ayudó a escuchar. La celebración permitió encontrarse sin necesidad de estar de acuerdo en todo. Y en medio de esos encuentros apareció una posibilidad que todavía no tenía nombre completo: una red capaz de utilizar el arte como lenguaje para la paz con la Naturaleza, para la defensa de los territorios y para recuperar nuestra relación con la comunidad de vida.
Ahí empezó a hacerse visible algo que después sería fundamental para AxT: la regeneración también necesita belleza, imaginación, encuentro y celebración.
El territorio podía enseñar. El cuerpo podía enseñar. Una planta podía enseñar.
Aprender de otra manera
Cuando el territorio también puede ser nuestro maestro
Mientras los festivales reunían personas y sensibilidades, otras experiencias estaban explorando una pregunta diferente: ¿Cómo aprendemos cuando el territorio también puede ser nuestro maestro?
En la Universidad Nacional de Colombia comenzaron a encontrarse experiencias de educación, permacultura, arte, espiritualidad, saberes ancestrales y trabajo comunitario. De esos procesos surgirían, entre otras experiencias, Improlab, Siembra Semilla Universo y la Escuela ZewuaCultural.
La Escuela ZewuaCultural tuvo una importancia particular. Durante años, alrededor de la laguna de la Universidad Nacional, se fue gestando una experiencia educativa intercultural que buscaba recuperar conocimientos relacionados con la Tierra, las prácticas agrícolas y los saberes tradicionales.
No se trataba simplemente de llevar contenidos sobre Naturaleza al aula. Se trataba de cambiar la relación con el aprendizaje. El territorio podía enseñar. El cuerpo podía enseñar. Una planta podía enseñar. Una comunidad podía enseñar. Y el conocimiento podía convertirse en una experiencia vivida.
Esta raíz continúa viva hoy en Campus Vivo, nuestra escuela territorial de Derechos de la Naturaleza. La genealogía de Campus Vivo reconoce precisamente ese tránsito entre movimiento, educación, saberes ancestrales, investigación y defensa de la Naturaleza.
Las manos también piensan
Construir lugares que ayuden a regenerar la vida
Al mismo tiempo, otra raíz crecía desde la materia. La madera, la guadua, las herramientas, la construcción y el diseño fueron convirtiéndose en otra forma de pensar el cuidado.
Los viajes, la experiencia en ecoaldeas, la permacultura, la carpintería y el diseño fueron alimentando una pregunta sencilla y enorme: ¿Cómo podemos construir lugares que ayuden a regenerar la vida en vez de agotarla?
De ese recorrido nació Geotopía. Primero como una manera de hacer. Después como una manera de diseñar. Y finalmente como un organismo propio dentro del bosque.
Geotopía comenzó a desarrollar una visión en la que arquitectura, paisaje, materiales, construcción y territorio podían formar parte de una misma conversación. No se trataba solamente de construir más responsablemente. Se trataba de diseñar hábitats y paisajes regenerativos.
De esta raíz material surgirían después nuevas ramas y frutos, entre ellas Vibra Cuidando y Alahó.
La semilla había cambiado de tamaño. Ya no se trataba solamente de hacer actividades. Se trataba de construir capacidades.
Defensa de la Naturaleza
Cuando la Naturaleza encuentra nuevas palabras
Mientras las experiencias artísticas, educativas y territoriales seguían creciendo, otra conversación iba tomando fuerza: la de los Derechos de la Naturaleza.
La pregunta ya no era solamente cómo conservar un ecosistema. Era comenzar a reconocer que la Naturaleza podía ser entendida como sujeto de derechos y que defenderla implicaba transformar también nuestras instituciones, nuestras leyes, nuestra educación y nuestra cultura.
En Colombia comenzaron a encontrarse investigadores, estudiantes, abogados, artistas, educadores, comunidades y defensores territoriales alrededor de estas ideas. De allí surgieron el Grupo de Estudios en Derechos de la Naturaleza, procesos vinculados al Pacto Mundial Consciente y, posteriormente, la Alianza por los Derechos de la Naturaleza de Colombia —ADN Colombia.
El tercer Foro Internacional por los Derechos de la Madre Tierra, realizado en Colombia entre el 1 y el 4 de agosto de 2019, fue uno de los momentos importantes de esa trayectoria y reunió pensamiento, arte, espiritualidad, investigación y defensa territorial.
La experiencia educativa desarrollada alrededor de estos procesos terminó dando forma a una pedagogía intercultural, transdisciplinar y vivencial de los Derechos de la Naturaleza. La semilla había cambiado de tamaño. Ya no se trataba solamente de hacer actividades. Se trataba de construir capacidades.
Cuando las raíces se reconocen
Un tejido que reconoce, conecta y permite que cada una conserve su propia vida
Durante años, estas experiencias parecían proyectos distintos. Una escuela por aquí. Un festival por allá. Una construcción. Una investigación. Una red. Un grupo de artistas. Una conversación sobre Derechos de la Naturaleza. Un encuentro espiritual. Una historia de un territorio.
Pero las raíces estaban conectadas. Las mismas preguntas aparecían una y otra vez:
¿Cómo volvemos a sentirnos parte de la Tierra? ¿Cómo aprendemos a habitar sin destruir? ¿Cómo defendemos los territorios? ¿Cómo transformamos nuestra cultura? ¿Cómo hacemos del arte una fuerza para la regeneración? ¿Cómo reunimos conocimientos que normalmente viven separados?
Poco a poco comenzó a hacerse evidente que no hacía falta crear una organización que controlara todas esas experiencias. Hacía falta un tejido que pudiera reconocerlas, conectarlas y permitir que cada una conservara su propia vida.
Cada organismo podía tener su propia personalidad. Su propio ritmo. Sus propios frutos. Pero compartir unas mismas raíces.
De ADN a un bosque
El bosque empieza a tener nombre
ADN Colombia se convirtió en una de las raíces fundamentales de esta nueva etapa. Desde allí se fortalecieron procesos de educación, investigación, incidencia y articulación en torno a los Derechos de la Naturaleza. Con el tiempo aparecieron nuevos proyectos, nuevas alianzas y nuevas comunidades de aprendizaje.
De ese proceso floreció Campus Vivo. También tomó forma la Red de Artes para la Tierra. Y comenzaron a encontrarse nuevamente aquellas antiguas intuiciones: el arte, la educación, la defensa territorial, la espiritualidad, el diseño y la narración no eran caminos separados. Eran distintas formas de cuidar la vida.
La experiencia acumulada durante estos años permitió comprender que una red podía ser más fuerte cuando no intentaba uniformar a sus integrantes. Cada organismo podía tener su propia personalidad. Su propio ritmo. Sus propios frutos. Pero compartir unas mismas raíces.
En 2026 ocurrió algo que, visto desde afuera, podría parecer simplemente un cambio de nombre. Pero para quienes habían recorrido el camino era algo distinto. Después de años de experiencias, proyectos, aprendizajes y relaciones, aquello que había crecido alrededor de ADN Colombia ya no cabía cómodamente dentro de una sola estructura.
Había una escuela. Había un estudio de diseño. Había una red de artistas. Había narradores. Había prácticas espirituales. Había investigación. Había defensa jurídica. Había territorios. Había proyectos emergentes. Había personas que llegaban con nuevas semillas.
Entonces apareció una imagen capaz de contener mejor lo que estaba ocurriendo: un bosque.
Artes para la Tierra no sería una organización que absorbiera todo. Sería el ecosistema que permite que distintas iniciativas crezcan, se encuentren y colaboren. Las raíces son la memoria. Los organismos son las iniciativas vivas. Los habitantes son quienes las cultivan. Los frutos son aquello que cada proceso entrega al mundo. Los senderos son formas de entrar y recorrer el bosque. Y el claro es el lugar donde nos encontramos.
El arte como regeneración
"El arte no es un adorno de la transformación. Puede ser una forma de conocimiento. Una forma de encuentro. Una forma de sanar. Una forma de hacer visible lo que todavía no sabemos nombrar."
De allí nace una convicción que hoy está en el corazón de Artes para la Tierra: el arte no es un adorno de la transformación.
Puede ser una forma de conocimiento. Una forma de encuentro. Una forma de sanar. Una forma de hacer visible lo que todavía no sabemos nombrar. Una forma de defender un territorio. Una forma de recordar. Una forma de imaginar.
El manifiesto de la Red de Artes para la Tierra nació precisamente de esta convicción: el arte como lenguaje profundo, intercultural y capaz de transformar nuestra relación con la Tierra y con toda la comunidad de vida.
En tiempos de crisis climática, social, cultural y espiritual, necesitamos algo más que información. Necesitamos historias que nos conmuevan. Imágenes que despierten. Cuerpos que se encuentren. Canciones que nos recuerden que pertenecemos. Espacios donde podamos imaginar juntos aquello que todavía no existe.
Memoria del origen
Las cinco raíces del bosque
Artes para la Tierra no nace de un único proyecto ni de una sola disciplina. Es la convergencia de trayectorias de vida que, durante años, crecieron por separado y hoy se reconocen como raíces de un mismo bosque.
Raíz del Cuerpo
Movimiento, danza, performance e improvisación — desde la Comunidad Fungi Experimental e Improlab hasta el Círculo DPU Mykyta.
Raíz de las Manos
Carpintería, diseño y bioarquitectura. La capacidad de transformar ideas en espacios habitables, cultivada hoy por Geotopía.
Raíz de la Voz
Narración, poesía, educación y comunicación — contar historias como forma de regenerar la cultura. Hoy: Naturaleza Contando Historias.
Raíz del Tejedor
Redes, alianzas, comunidades de aprendizaje: Siembra Semilla Universo, ZewuaCultural, ADN, GARN, Campus Vivo.
Raíz de la Resistencia
Activismo creativo y defensa activa de la vida y la diversidad biocultural — la ocupación poética del espacio público.
Habitantes
Quiénes cultivan este bosque
Cada organismo-laboratorio tiene, o irá encontrando, quien lo lidere. Estos son algunos de los líderes de área de hoy.

Coordinador General · Director Campus Vivo
Juan Sebastián Acosta
Coordina el ecosistema en su conjunto y dirige Campus Vivo. Articulador de las raíces y tejedor entre organismos, nodos y aliados del bosque. Más que fundador, puede comprenderse como jardinero: alguien que siembra, conecta y ayuda a crear las condiciones para que la vida florezca.

Múcura Cósmica · Red Artes para la Tierra
María Alejandra Núñez · "Aleja Comadreja"
Diseñadora gráfica e ilustradora. Lidera la Red de Artes para la Tierra y el lenguaje visual de AxT; coordina talleres y agenda cultural desde Múcura Cósmica.

Frente de Investigación · Campus Vivo
Mariluz Nova Laverde
Docente investigadora, Universidad de La Salle. Lidera la Red de Investigación, área emergente de Campus Vivo.

Frente Parlamentario · ADN Colombia
Astrid Johana Forero
Abogada ambientalista. Lidera ADN Colombia y el Nodo Tota — defensora del Lago de Tota.
Muchas más personas lideran nodos, acompañan casos y tejen alianzas en todo el país. A medida que el Herbario crezca, cada una tendrá aquí su propio perfil.
El bosque sigue creciendo
¿Qué parte del bosque quieres conocer?
Puedes llegar por el diseño, por el aprendizaje, por las historias, por el cuerpo y la celebración, por la defensa de los territorios o simplemente por la curiosidad. No necesitas entender todo el bosque para entrar.