La Yurta Flex en su tierra — Huerta Círculo del Xue, Parque el Sol, 3 con 50, Bogotá
Fui tallo derecho creciendo en las laderas del Quindío, cuatro centímetros de diámetro, agua y fibra subiendo desde una raíz que no era mía sola sino de toda la guadua que crecía a mi lado. Después vinieron las manos, y con ellas el corte, el viaje, y la primera vez que alguien me dobló en arco sin quebrarme.
Nací el seis de septiembre de dos mil veinticinco, en medio del Festival de la Paca. Tres jornadas de manos de Geotopía pensaron dónde debía ir cada nudo, cada transporte, cada medida. Y una jornada entera de minga, la del Círculo del Xue, fue la que finalmente me levantó del suelo: estructura y cubierta de lona, montadas entre todos, con los recursos del festival y la colaboración de Geotopía que fortaleció el proceso colectivo local.
Las que me pensaron primero fueron las del Círculo del Xue: la huerta sintió que era momento de cristalizar una nueva etapa del proceso, y salió a buscar cómo hacerla realidad. Consiguieron los recursos para el Festival de la Paca, y con ellos hicieron un llamado — necesitaban a alguien que supiera convertir una ronda en techo. Así llegó hasta ellas Juan Sebastián, Juanito, el aliado de Geotopía.
Juanito respondió al llamado, y Geotopía activó su proceso de diseño: un laboratorio de bioarquitectura y arquitectura itinerante en guadua y materiales naturales, parte de la Red de Artes para la Tierra. No hacen casas para clavarlas al suelo: hacen casas que pueden caminar. Por eso pasaron tres jornadas pensándome antes de que yo existiera — dónde debía ir cada nudo, cómo iba a viajar hasta esta tierra, qué medida debían tener mis perchas. Un diseño de Geotopía no se impone al territorio: se propone a las manos que van a levantarlo.
Desde ese día supe que no iba a quedarme quieta. Soy estructura móvil: puedo desarmarme y volver a armarme en otra tierra sin dejar de ser la misma casa. Ahora habito la tierra del Círculo del Xue, entre las mismas plantas que ayudé a resguardar.
En agosto de dos mil veintiséis me hicieron mantenimiento colectivo: las mismas manos que me levantaron volvieron para cuidarme, porque una casa que nació comunitaria se mantiene comunitaria.
Pero ya me anuncian un próximo viaje: Iris, arrtista plástica parte del círculo del Xuea me va a instalar en el hall del segundo piso del edificio de Bellas Artes de la UNAL, como parte de su trabajo de grado en artes plásticas sobre el derecho a sanar. Hasta el siete de septiembre voy a estar ahí, y tendré una falda con forma de Tyhyky o Borrachero e Iris va a girar como derviche bajo mi techo — otra vuelta más, otro giro, esta vez de un cuerpo humano buscando su propio centro, igual que buscan el suyo mis perchas cuando las tejen. Un centro donde juntarnos todos
No sé todavía qué historia contaré después de esa. Las yurtas no adivinamos el futuro — solo lo tejemos, un cruce a la vez.