Bitácora de obra · Obra #03 · 2018
Un médico alternativo experto en medicinas orientales necesitaba un espacio para su centro de terapias a las afueras de Manizales. Su casa funcionaba como centro de meditación, y el domo sería el lugar donde el cuerpo y el espíritu pudieran sanar. Laura, Julián y yo construimos un domo de cinco metros en madera con cubierta de shingle.

El cliente era un médico alternativo, experto en medicinas orientales, cuya casa a las afueras de Manizales funcionaba como centro de meditación. Necesitaba un espacio dedicado a las terapias: un lugar que respirara calma, geometría y naturaleza. Julián, que había sido aprendiz en el semillero de Armenia el año anterior, encontró el encargo y me invitó a construirlo juntos.
Fuimos tres en la obra: Laura nos ayudó en la construcción, Julián aplicó las geometrías que había aprendido en Armenia, y yo dirigí la carpintería y el ensamblaje. Tres manos, un mismo domo.
Empezamos por el primer anillo: la base que sostiene toda la geometría. Luego los triángulos, uno por uno, hasta que la estructura tomó forma. Julián y yo subimos a la estructura para verificar que cada pieza estuviera en su lugar — y entre las flores del jardín, la geometría ya parecía viva. La claraboya en la cúspide fue el detalle que permitió que la luz entrara desde arriba, como en los templos antiguos.


La cubierta fue de shingle: tejas asfálticas que protegen de la lluvia y permiten que el domo respire. Terminamos de instalarla en los últimos días de junio, cuando el clima de Manizales amenazaba con lluvia. Solo faltaban las ventanas y la puerta para que el espacio estuviera completo.


Un domo de cinco metros que se convirtió en el espacio de terapias del centro de meditación. La geometría sagrada, la luz de la claraboya y la calidez de la madera crearon el ambiente que el médico alternativo buscaba: un lugar donde el cuerpo y el espíritu pudieran sanar.
Hoy Geotopía diseña y construye espacios de cuidado, meditación y sanación con lo que Manizales nos enseñó: que la geometría puede sostener no solo un techo, sino una experiencia de paz.
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