Bitácora de obra · Obra #02 · 2017
Después del taller en Mahavan, Julián se ofreció como voluntario. Al terminar el domo-aula, me invitó a su casa en Armenia a construir el sueño que tenía: un domo para su oficina de arquitectura. Tenía los materiales desde hacía tiempo; conmigo tuvo la confianza de instalar un piso y levantar una estructura V3 de 156 partes en madera de Chanú. Ese prototipo fue el primer semillero pedagógico de Geotopía — y el inicio de una alianza formativa que duró cinco años.

Julián era arquitecto y tenía un sueño: un domo para su oficina. Tenía los materiales guardados desde hacía tiempo, pero le faltaba la experiencia en geodesias. Después de Mahavan, donde fue voluntario, me invitó a su casa en Armenia. Conmigo tuvo la confianza de instalar un piso y levantar una estructura V3 de 156 partes en madera de Chanú.
Primero hicimos todos los triángulos: 156 piezas de Chanú cortadas y ensambladas con precisión. Luego la estructura completa, y finalmente la cubierta de machimbre de madera de pino. La cubierta fue de manto asfáltico de varios tipos — como mostrario — e invitamos a un colega de cubiertas verdes.


El resultado es hermoso: un domo con cubierta verde que se convirtió en su oficina de arquitectura. Julián regaba la cubierta verde del domo terminado como quien cuida un jardín. Este fue el prototipo que nos llevó después a Manizales y a continuar trabajando en alianza durante cinco años.
Este domo fue el primer semillero pedagógico de Geotopía. Julián fue aprendiz durante cinco años y aprendió todas las geometrías que hasta ese momento diseñábamos: domos, zomes y túneles. Construyó conmigo varios proyectos más — Manizales 2018, el túnel de Tausa 2021, el zome de Goodkarma 2022, el zome de San Francisco 2023, y el túnel de Guachetá 2023 — antes de que la alianza terminara.
Lo que se aprende con las manos no se olvida. Las geometrías que Julián aprendió en Armenia siguen vivas en las obras que construimos juntos, y en las que él construyó después por su cuenta.
Hoy Geotopía diseña y construye domos, zomes, túneles y refugios con lo que Armenia nos enseñó: que cada obra puede ser un aula, y que enseñar es también aprender.
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